| EL OLIVO CENTENARIO SÍMBOLO DE LA CIVILIZACIÓN MEDITERRANEA |
Los
antropólogos nos enseñan que a menudo una civilización puede llegar a
estructurarse en torno a un producto de la tierra (una planta o un fruto), el
cual, por la importancia de su uso, acaba convirtiéndose en símbolo de esa
misma civilización. Así ha ocurrido, por ejemplo, con el grano de arroz en las
civilizaciones del Extremo Oriente, con la mazorca de maíz en las antiguas
civilizaciones de Hispanoamérica, con el coco y el eucalipto en Oceanía o con
el dátil y la palmera en África.
La planta por excelencia de la civilización mediterránea (y de buena parte de
Occidente) es, sin duda alguna, el olivo. Y ello hasta tal punto que, si la
madre naturaleza no lo hubiera producido, nuestra cultura, tanto en sus símbolos
como en el arte y las tradiciones que la caracterizan, tendría hoy valores y
formas muy diferentes.
Tomemos,
por ejemplo, la tradición judeocristiana: en la Biblia, la paloma enviada por
Noé fuera del arca después del diluvio trajo a su regreso una rama de olivo en
el pico. Era el signo de la paz con Dios, porque el aceite "apacigua las
aguas", alimenta, aplaca y proporciona combustible para las lámparas
sacras.
El
aceite sirve, asimismo, la unción de los reyes, de los sacerdotes y de los
enfermos. Mesías, en el lenguaje bíblico, quiere decir "aquel que ha sido
ungido", es decir, consagrado (la palabra hebrea es Mashiah).
En
el cristianismo, el aceite de oliva mezclado con los bálsamos se denomina
crisma.